Un árbol me acaricia con su mano.
El árbol esparce esperanza a través de su mano.
Algunos árboles caminan, otros permanecen callados,
algunos gritan.
Sus ojos acarician mi alma a través del alma que sus ojos tienen.
Los ojos muestran más emociones que un girasol al sol
(también podría haber dicho: que un perro a un gato).
Un ojo que mira el pasto, es un ojo perdido,
que va a dejar de percibir las profundidades del mundo.
El universo nos habla mediante movimientos,
mostrando la realidad a través de nuestros pensamientos.
Un universo es cualquier pensamiento que producimos,
subconscientemente; algo que nos llega desde Dios-sabe-dónde.
Son universos las interacciones humanas que creamos
con el fin de satisfacer nuestro propio mundo neurológico.
Mis ojos expresan lo que él siente.
Sus ojos hacen que note el propósito de mis actitudes.
Los ojos de ella le muestran cómo se siente el amor.
Ser un árbol no es fácil; uno debe permanecer despierto,
pensando, incapaz de expresarse. Si él fuese un árbol,
tendría muchas complejidades, pensando que es una mariposa.
Convertirse en árbol requiere una inteligencia
desconocida para los humanos.
Tener ojos no significa ser capaz de hablar.
Considerar que alguien tiene ojos,
es una premisa engañosa.
Pensar en átomos que tienen ojos,
es entender la vida.
Mi universo depende del modo en el que deambula una mariposa.
El universo de él, de la forma en la que yo veo un átomo
(si es un pedazo de pensamiento o materia).
El de ellos, de la forma en la que mis pensamientos son analizados,
y de si quiero concederles el maravilloso acto de ver o no ver.
Los árboles, como los ojos y el universo, son una creación de nuestras percepciones mentales. Todo lo que advertimos está basado en la forma en la que interactuamos con otros, todo eso ejerce una fuerza poderosa en nuestros cerebros químicos, reflejando así nuestro mundo a través de los sentimientos y nuestra idea equivocada de la realidad.
La muerte en sí misma podría ser interpretada de diversas formas: uno puede verla como positiva o negativa, según las personas con las que uno decide estar conectado y de la manera en la que cada uno de nosotros expresa las emociones cotidianas.
Ser amable con otros muestra nuestra paz interior, hace que el otro ser pueda estar en paz consigo y con nosotros. Hacer de la amabilidad un acto diario para con todos (y aquí incluímos: perros, gatos, pasto, humanos, agua, árboles, ojos, sol y cualquier Dios que tengas en mente - también puede ser que la Física Cuántica sea el tuyo), no sólo te beneficiaría, sino nos haría la vida más sencilla a todos.
Mis palabras finales son las siguientes:
Nosotros somos criaturas de amor, repartir amor debería ser espontáneo. Hagamos de nuestros días un juego de amor, dándole amor a todos, sin preocuparnos por las diferencias personales. Hablemos de nuestros conflictos con aquellos que los causan, en vez de ser agresivos con esos seres inocentes que no están relacionados con nuestro enojo personal.
Sé amor.
Transfórmate en amor.
Expresa amor.
Muestra amor.
Respira amor.
Estate preparado para recibir amor.





















